Ya llevamos casi 11 meses desde que un grupo de científicos chilenos que dirige la microbióloga de la Universidad de Concepción, María Inés Barría, presentó su proyecto de la vacuna contra el hanta al Ministerio de Salud del gobierno anterior, planteando que se necesitaban 1 millón 650.000 dólares para hacer un stock base de mil dosis. La vacuna terapéutica tiene un 100% de probabilidades de salvar al enfermo.  Sin embargo, la insólita respuesta que recibió la científica después que a través de la Ley de Lobby, que le permitió reunirse con el subsecretario de Salud Pública, Jaime Burrows, del cual esperaba una buena recepción al descubrimiento, no obstante, Jaime Burrows (médico pediatra, Demócrata Cristiano) estuvo solo 10 minutos en la reunión. Y dijo con una profunda indiferencia: “No estamos interesados en este producto porque bajo mi gestión, la mortalidad de hanta se redujo”.

En el gobierno de Piñera continua la indiferencia a pesar que el actual Ministro de Salud  Emilio Santelices dijo que estaba interesado en la investigación, hasta el momento no existe ninguna iniciativa para dar marcha al proyecto, que salvaría sobre todo vidas de los chilenos y chilenas del sur del país.

A pesar que el 2017 se presentó la más alta mortalidad en los últimos 12 años, para las autoridades los costos de la vacuna son demasiados altos, pero la microbióloga relativizó los costos al comparar el gasto en el que incurre el Estado, cada vez que un paciente debe ser trasladado a centros médicos para recibir atención y tratamiento, así como lo que representa el costo de la ventilación mecánica (ECMO), entre otros. “Creemos que esto es un gasto mínimo. La vida de las personas no tiene valor monetario”.

El hanta es un virus coreano que se esparció por el mundo en los 50 y que se identificó en Chile en 1993, aunque hay aparentes casos desde 1975. Produce síntomas similares a una fuerte gripe que se agudizan hasta producir un colapso cardiorrespiratorio. Puede matar en solo 5 días.

En Asia el hanta afecta a los riñones. En Norteamérica, a los pulmones. En ambos casos es de bajísima mortalidad. Pero en el sur chileno y argentino, en cambio, se identificó una de las cepas más letales: la Cepa Andes. Produce afección pulmonar, a veces también renal y, sobre todo, alta mortalidad. Hace 20 años la mortalidad alcanzaba al 50%, hoy se ha reducido al 40% o hasta un 30%, dependiendo del año y de quién haga la estadística.

En una entrevista en la revista Paula María Inés barría indico: “Yo esperaba que el Ministerio de Salud mostrara algún interés en la vacuna, ni siquiera que comprara, o invirtiera, sino solamente que se interesara, Si el Minsal no se involucra, el fármaco “algún día” lo va a sacar una farmacéutica y va a costar millones.